Rick Carlisle, The Mad Scientist

“Rick, cuando tengas un segundo pásate por mi despacho, es importante”.

Rick Carlisle escuchó estas palabras de boca de Bill Fitch, su entrenador en los New Jersey Nets en diciembre de 1989, como si fuesen un golpe directo a la boca del estómago. Fitch no dijo nada más en ese momento, pero él lo sabía. Solo había jugado en cinco partidos ese año, con un total de dos puntos entre todos los encuentros. Iba a ser cortado.

“Lamento decirte que vamos a tener que dejar de contar contigo como jugador de los Nets”, dijo por fin Fitch ya en su despacho.

Con la temporada empezada se iba a ir a la calle. Nunca había sido más que un jugador de fondo de armario, y desde que pasase tres años con los Boston Celtics campeones de Larry Bird, Kevin McHale, Robert Parish, Dennis Johnson y Danny Ainge, su carrera iba cuesta abajo. Había pasado de ser elegido en tercera ronda y celebrar anillos con los Celtics a jugar en las ligas menores con Albany (donde fue compañero de habitación de Scott Brooks), ser repescado por los New York Knicks de Rick Pitino, y todo aquello llegaba ahora su fin en los Nets de Filtch.

Pero poco sabía él que ese momento no era un punto negro en su historia, sino uno brillante.

“Espera chico, aún no he terminado contigo”, le dijo Fitch cuando el jugador estaba a punto ya de abandonar el despacho. “¿Te gustaría ser entrenador asistente?”.

Rick siempre había llevado el instinto de entrenador dentro. Ya en 1979, cuando aún estaba en el instituto, había acudido a un clínic en Syracuse el que participaron John Wooden, Bobby Knight, Abe Lemons y Jack Donohue como oradores, algo que contó el año pasado en el podcast ‘Hard in the Paint’ con Jeff Skin Wade. Y así fue, con una incómoda visita al despacho de su entrenador, cómo a los 30 años empezó la trayectoria en los banquillos de Rick Carlisle, una carrera como entrenador que podría decirse que inició prácticamente cuando aún era jugador.

Como asistente, Carlisle tuvo la oportunidad de entrenar junto a Bill Fitch (New Jersey, 2,050 partidos y un campeonato NBA), Chuck Daly (New Jersey, 1,075 partidos, dos campeonatos NBA), P.J. Carlesimo (Portland) y su amigo Larry Bird en los Indiana Pacers que cayeron dos años consecutivos en Finales de Conferencia antes de llegar a las Finales de la NBA y perder contra Los Angeles Lakers en 6 partidos. Cuando Bird abandonó el banquillo de Indiana intentó que Carlisle fuese su sucesor, pero los Pacers optaron por Isiah Thomas. Aun así, sus evoluciones como asistente no habían pasado desapercibidas.

Los Detroit Pistons apostaron por él para la temporada 2001-02, y le dieron la oportunidad de entrenar a un equipo formado por jugadores como Jerry Stackhouse, Cliff Robinson, Chucky Atkins o Ben Wallace. Rick no desaprovechó su primera oportunidad al frente de un banquillo, y llevó a los Pistons a las 50 victorias, siendo nombrado además mejor entrenador del año. Tanto esa temporada (segunda ronda) como la siguiente (Finales de Conferencia ya con Rip Hamilton y Chauncey Billups), los Pistons fueron uno de los equipos punteros del Este y sentaron las bases de lo que terminaría siendo un equipo campeón.

Pero cuando Larry Brown estuvo disponible en Detroit se lanzaron a por él, y Carlisle fue el damnificado. Con un record de victorias de 100-64 (61 por ciento), Rick se veía de repente en la calle.

No estuvo mucho tiempo en el paro, claro. Larry Bird, ahora como Presidente de Operaciones de Indiana, volvió a llamarle, y le encomendó el banquillo de los Pacers, despidiendo a Isiah. En su primer año con los Pacers, Carlisle entrenó al equipo del Este en el All Star y logró el mejor récord de la liga con 61-21. Irónicamente, los Pistons de Larry Brown, a la postre campeones, se cruzaron en su camino en la Final del Este.

“Simplemente, este no era nuestro momento”, dijo Carlisle a ESPN tras aquella serie. “Es lo único que puedo decir”.

Todo hacía presagiar que la siguiente temporada, la 2004-05, llegaría por fin dicho momento. Los Pacers habían logrado juntar una plantilla dura, con carácter y calidad, liderada por un Ron Artest que nunca jugó mejor que en sus años bajo las ordenes de Carlisle. Pero esta vez fue uno de los episodios más lamentables en la historia de la NBA lo que se cruzó en su camino: Malice at the Palace. Entre las sanciones por la grave pelea ocurrida en Detroit, comenzando por el ejemplar castigo para Artest, y las lesiones de Jermaine O’Neal, Reggie Miller y Jamaal Tinsley, los jugadores bajo las ordenes de Rick se perdieron más de 200 partidos en total.

“Hubiésemos ganado el campeonato ese año”, aseguró Stephen Jackson a Grantland al recordar aquella pelea. “Teníamos el mejor equipo y éramos jóvenes. Teníamos a un Hall of Famer en Reggie Miller. Teníamos todas las piezas del puzzle, grandes entrenadores, gran equipo, gran dueño, gran general manager. Y todo estaba funcionando. Creo que algunos aún están molestos por aquello, algo así como ‘aquella era mi oportunidad para ganar un campeonato y Ron (Artest) fue muy egoísta por hacer aquello’”.

“Honestamente pienso que teníamos una oportunidad no solo de ganar un campeonato, sino de ganar varios campeonatos con la forma en la que el equipo estaba construido”, coincidió en la misma pieza Jermaine O’Neal. E incluso Larry Bird admitió pensar lo mismo.

“Al tener que reconstruir esto sentí que estábamos abandonando un equipo que tenía potencial de campeón”, dijo Bird al Indianapolis Star. Carlisle, por su parte, simplemente dijo: “Sentí que estaba luchando por mi vida ahí fuera”.
Carlisle obró un pequeño milagro al meter a aquel equipo destrozado por lesiones y sanciones en los Playoffs como sextos clasificados, eliminando además en primera ronda a los Boston Celtics (y cayendo de nuevo contra los Pistons), pero aquella noche en Detroit Carlisle no solo vio escapar su, hasta aquel momento, mejor oportunidad para lograr el anillo, sino que perdió directamente al equipo. Mucho movimiento de jugadores y traspasos sucedieron a aquella pelea con el objetivo de limpiar lo sucedido. Y finalmente, tras la temporada 2006/07, la primera de las seis campañas de Carlisle como entrenador principal en la que no entró en Playoffs, volvía a estar en la calle.

Tampoco en esta ocasión pasó demasiado tiempo en el paro, siendo contratado al poco como analista de ESPN. Durante estos meses aprovechó para estudiar las tendencias de la liga y en especial las estadísticas avanzadas que empezaban a ganar terreno entre los analistas.

Cuando Carlisle llego a Dallas en 2008 lo hizo con un dueño y un general manager totalmente entregados a él. Los Dallas Mavericks venían de una abrupta ruptura con Don Nelson y de una etapa muy intensa y de más a menos bajo las órdenes, nunca mejor dicho, de Avery Johnson. Dirk Nowitzki se encontraba a nivel de MVP, pero los descalabros de 2006 en las Finales y de 2007 en primera ronda habían impedido culminar el proyecto con un anillo.

En su primer año en Dallas se encontró con un equipo quemado tras la etapa de Avery Johnson, con un Jason Kidd que había terminado desquiciado con su entrenador la temporada anterior y un Dirk Nowitzki incómodo porque Avery le había obligado a pegarse más en la zona como un hombre alto tradicional. Carlisle tuvo que lidiar con todo aquello y con un inicio de temporada regular 2-7, pero finalmente puso la maquinaria en marcha para entrar en Playoffs, eliminar a los San Antonio Spurs en primera ronda y caer con los Denver Nuggets en segunda ronda con una no-falta de Antoine Wright que marcó el momento por el que será recordado por los fans de los Mavs.

En la siguiente campaña el equipo fue creciendo y se plantó como segundo mejor clasificado del Oeste. Pero si en la ocasión anterior habían eliminado a los Spurs sin ventaja de campo, en esta sucedería al revés. Los de Popovich habían tenido una temporada plagada de lesiones, pero encontraron la salud y su mejor juego justo en el momento oportuno, y eliminaron a los Mavs a las primeras de cambio. De las siete apariciones de Rick Carlisle en Playoffs, era la segunda que no había pasado de primera ronda.

En el verano de 2010 Carlisle se rapó el pelo. Este cambio tan radical levantó algunas especulaciones sobre su salud, y él no ayudaba a disiparlas con la vaguedad de sus explicaciones. Sin embargo, su falta de explicación pública se debía a su modestia, y no a ninguna enfermedad. Poco después, el Dallas Morning News reveló que Rick, un hombre de convicciones fuertes y gestos honorables, se había rapado como homenaje a su padre, Preston Carlisle, calvo desde la veintena, por su 80 cumpleaños.

“Para mí, él es la persona más increíble del mundo”, dijo Rick refiriéndose a su padre. “Ha sido el mejor modelo para mi hermano, mi hermana y para mí. Por eso lo hice”.

En la temporada 2010-11 los Mavs comenzaron lanzados, compitiendo hasta finales de diciembre con los Spurs por el mejor récord de la NBA. Entonces llegaron las lesiones de Nowitzki, para un mes, y Caron Butler, para toda la temporada. Estos contratiempos hicieron perder algo de fuelle al equipo durante unas semanas, y lograron que el hecho de que Carlisle ya les tenía preparados para luchar por lo máximo pasase desapercibido.

El entrenador comenzó los Playoffs, aquellos en los que George Karl había dicho públicamente “quiero a los Mavs”, con un cambio en el quinteto. Con J.J. Barea expuesto ante los exteriores altos de los Blazers, puso a Deshawn Stevenson como titular. El turno de Barea, Peja Stojakovic y Brendan Haywood llegaría contra los Lakers. Jason Kidd, Jason Terry, Dirk Nowitzki, Shawn Marion y Tyson Chandler fueron las constantes durante toda la carrera hacia el anillo. Y a todo esto se sumaba una defensa zonal entrenada durante todo el año y que permitía esconder las carencias defensivas de los exteriores.

Hasta ese momento, Carlisle había firmado grandes temporadas regulares, pero le faltaba poner la guinda con un viaje a las Finales de la NBA. En esta ocasión tenía todas las armas, y jugadores de todo tipo. El último movimiento maestro fue la inclusión de Barea en el quinteto titular a partir del cuarto partido de las Finales, jugada que puso en jaque a Erik Spoelstra y de la cual no pudo recuperarse el entrenador de los Heat.

Los dos años posteriores a la consecución del anillo el equipo se resintió con las salidas de varios jugadores claves en el título. En el primero, y con la plantilla campeona mermada, cayeron barridos en primera ronda ante los Oklahoma City Thunder, un resultado que no cuenta que los de Scott Brooks tuvieron que recurrir a un buzzer beater de Kevin Durant y a un game winner de James Harden a escasos segundos del final para ganar los dos primeros partidos en casa. Aquellos Thunder que serían finalistas de la NBA ese año.

Al siguiente, llegó una de las peores temporadas hasta aquel momento de la historia reciente de los Mavericks. Se marcharon Terry y Kidd y se reemplazaron con jugadores con contrato de un año como O.J. Mayo, Darren Collison o Chris Kaman. Aquella estrategia desde las oficinas no funcionó como se esperaba y los Mavs se quedaron fuera de Playoffs, pero sin embargo estuvieron metidos en la lucha hasta el final a pesar de que Dirk Nowitzki se perdió casi un tercio de la temporada y tardó otro mes en recuperar la forma. Aquel al que Zach Lowe calificó como “el equipo que nunca se rendía”.

En el año 2014 y con Monta Ellis como gran refuerzo Carlisle metió en Playoffs a una plantilla con una de las 10 peores defensas de la liga. Nadie se acordó de él en la votación para el entrenador del año. Pero a él le dio igual. Nadie dio a los Mavericks una opción de plantar cara a los Spurs en primera ronda, pero tampoco le importó. Dos semanas después del inicio de Playoffs, el gran ojo de los medios nacionales estadounidenses se había vuelto a posar en él de nuevo gracias a su excelente trabajo de planificación y motivación que a punto estuvo de hacer que los Mavs tumbasen al que a la postre sería el campeón.

Su propuesta fue arriesgada. Cambiar todo de la noche a la mañana. Cambiar en todos los bloqueos. Cambiar. Que los Spurs, que juegan automáticamente, tuviesen que pensar demasiado. Una estrategia de científico loco que a punto estuvo de funcionar. Para algunos, Carlisle hizo un mejor trabajo en esta derrota en primera ronda que en el anillo de 2011.

“No me gusta tener que ser de forma rutinaria algo así como un científico loco”, confesó Carlisle a Zach Lowe en marzo de 2013. “Pero hay veces en las que encontrar la fórmula del éxito con un equipo es más difícil que en otras”.

La trayectoria de los Mavericks ha sido irregular desde aquella emocionante serie contra los Spurs. En la campaña siguiente se apostó por Rajon Rondo, y aunque el base y el entrenador siempre se alabaron mutuamente, también fue evidente que sus personalidades y puntos de vista chocaron en más de una ocasión, como se evidenció en la serie de Playoffs contra los Houston Rockets.
Desde ese momento los Mavs empezaron a pensar en rejuvenecerse, y en ese proceso cayeron también en primera ronda contra los Oklahoma City Thunder, y en otra temporada plagada de lesiones se quedaron fuera de la post temporada el año pasado. En el proceso, Rick Carlisle se convirtió en el entrenador con más victorias de la historia de la franquicia.

*Via Basketball-Reference (stats before 2016-2017 season)

El cambio de rumbo de los Mavericks hacia una plantilla más joven también es algo que ha supuesto un reto más para un entrenador acostumbrado a contar con sus veteranos y a que los objetivos de desarrollo quedasen en un segundo plano por detrás de las victorias. Y pese a contar con cierta fama de anti-jóvenes, el mismo Rick asegura que está preparado para la tarea de desarrollar un núcleo con jugadores de futuro, y lo demostró renovando su contrato con los Mavs el pasado verano.

“Bueno, por ejemplo tuve muchos jugadores jóvenes en Indiana, y la gente tiende a olvidarlo”, se defendió Rick a finales de la temporada pasada en palabras recogidas por Mavs.com. “El equipo que heredé era bastante joven. Teníamos a Reggie Miller, que era un gran veterano en aquel momento, y por eso creo que la gente se despista un poco, pero he tenido equipos jóvenes. Es algo excitante.

Pero también hay un aspecto doloroso cuando tienes que depender de ellos,
especialmente con tantos undrafteds como el año pasado, para que salgan, sean titulares y lleven el peso. Es duro, pero hemos aprendido mucho”.

Cuando Carlisle llegó a Dallas llevó consigo una fama de entrenador de corte defensivo que se había ganado en Detroit e Indiana. En cierta medida aún la tiene, pues pone mucho énfasis en ese aspecto, pero ¿qué entrenador no lo hace? La realidad es que la filosofía de Rick es la de adaptar su estilo al de sus jugadores, y eso para él no es algo negociable.

“Las cosas han cambiado”, explicaba Rick al Star-Telegram en julio de 2013. “Los equipos pueden cambiar su plantilla de la noche a la mañana. Llegó un punto en el que tomé una decisión muy meditada en mi mente, y es que no voy a ser un entrenador que solo cuente con un sistema específico. He trabajado para desarrollar un estilo que pueda adaptar cada año a nuestro personal. Para mí, esa es la definición de entrenar bien. Otros tendrán una visión diferente. Se trata de ajustarse, adaptarse y desarrollar relaciones”.

En una NBA en la que la tendencia es que los contratos cada vez sean más cortos y existan menos posibilidades de tener continuidad con una misma plantilla por cómo se ha facilitado el movimiento de jugadores, tener a alguien con esta mentalidad y tan preparado para trasladarla a la pista es una ventaja para la franquicia de Mark Cuban. Últimamente también vemos muchos buenos entrenadores que aspiran a tomar decisiones en los despachos. Pero, al igual que tomó la determinación de ser él quien se adapte siempre a los jugadores que tenga, Carlisle también llegó a la conclusión de que esa parte del deporte no es para él.

“En mi caso no estoy buscando hacer eso. Me encanta mi dueño (Mark Cuban) y me encanta mi GM (Donnie Nelson), quien además es amigo mío desde hace 30 años”, explicó Carlisle a Nba.com. “Quiero concentrarme en mi oficio. Pero aplaudo a esos otros tíos por querer tomar otras responsabilidades. Si tienes un gran entrenador como Gregg Popovich, Doc Rivers (ahora ya solo entrenador) o Stan Van Gundy y tienes la oportunidad de fundir esas dos posiciones en una sola, si eres un dueño con esa posibilidad, deberías hacerlo. Más que nada, es eliminar la conexión necesaria entre entrenador y general manager. El hecho de que haya dueños pensando que esos dos trabajos deberían ser el mismo resalta la importancia de los entrenadores”.

En estos momentos, antes de comenzar la temporada 2017-18, Rick Carlisle, quien también es el Presidente de la Asociación de Entrenadores, es el tercer entrenador en activo por detrás de Gregg Popovich y Doc Rivers que más partidos se encuentra por encima del 50 por ciento de victorias.

*Via Basketball-Reference (stats before 2016-2017 season)

Rick Carlisle comenzó y estableció así una excelente carrera como entrenador que continúa desarrollándose, y en la que este científico loco ha respondido a cada obstáculo en el camino dando aún más de sí en su siguiente oportunidad.

Desde hace casi 30 años ya.

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