Ingram y Randle: enojo y frustración al servicio del equipo

EL SEGUNDO – El duelo ante Washington Wizards presentó distintos retos para varios de los jóvenes valores de los Lakers.

Mientras que la prensa se enfocó en John Wall, Marcin Gortat, y Lonzo Ball, otros dos protagonistas tuvieron que superar situaciones adversas y canalizar su rabia al servicio del equipo.

Para Brandon Ingram y Julius Randle, esta fue una experiencia exitosa que, además, actúa como la confirmación de su crecimiento y un presagio de lo que se viene.

En el caso del alero, Luke Walton señaló el pequeño altercado que tuvo con Kelly Oubre Jr. en la primera mitad. Estas situaciones – algo similar sucedió con Ingram y los Milwaukee Bucks la temporada pasada – suelen sacar la mejor versión del oriundo de Kinston.

“Los que cubren a los Lakers saben que cuando eso le pasa a Brandon, él juega mejor”, dijo Walton el miércoles por la noche. “Creo que cuando empezaron a discutir un poquito, por la razón que sea eso llevó a Brandon a otro nivel. Convirtió un partido mediocre en uno en el que empezó a atrapar rebotes defensivos y cantando jugadas en media cancha”.

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El entrenador de los Lakers habló de la importancia de jugar con esa motivación extra.

“No todos lo necesitan, solo hay algunos que juegan mucho mejor, y creo que Brandon está primero en esa lista”, avisó. “Cuando está enojado y realmente está enfocado en lo que está haciendo, te puedes dar cuenta la diferencia en su habilidad y las jugadas que hace en ambos lados de la cancha”.

Walton explicó que, como cuerpo técnico, ellos cuentan con distintas herramientas para generar ese ambiente para aquellos que saben beneficiarse de él.

“Continuamos señalándolo, hacerlo algo que señalamos cuando no está jugando así, y señalándolo cuando sí está jugando así”, indicó. “Para que él tenga la percatación y que ojalá se dé cuenta él mismo y que no necesite que lo hagamos. Y más allá de eso, podemos gritarle, sacarlo del juego, y hacer que esté enojado con nosotros. Hay forma de manipular situaciones y hacer que jugadores se enojen. Si no encuentra esa percatación, nosotros haremos que nos odie hasta que lo haga”.

En la cancha de entrenamientos y en la banca, Corey Brewer se encarga del resto.

“Corey se lo hace a todos…pero sí, es bueno para irritar a Brandon”, reconoció Walton.

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El caso de Randle es similar. El texano perdió la titularidad a manos de Julius Randle, y Walton ha reconocido en diversas ocasiones que este no tomó la noticia de la mejor manera. Sin embargo, se empiezan a ver señales de un jugador utilizando esa frustración a favor del equipo.

“Lo intenté el año pasado y no funcionó muy bien, aunque este año creo que está un poquito enojado conmigo y ha estado jugando bastante bien”, dijo Walton. “Creo que eso es crecimiento para él, controlar su rabia”.

Kentavious Caldwell-Pope ve a un compañero que, si bien no está contento, no deja que eso afecte su rendimiento.

“Mostró algo de frustración pero cuando entró al partido no la mostró en la cancha”, opinó. “Igual jugó lo más duro que pudo e hizo lo que hace”.

Ambos brillaron y fueron fundamentales. Randle en defensa sobre el final del partido tras pasarse gran parte de la segunda mitad en la banca, e Ingram con el doble que envió el partido al tiempo suplementario.

Y como en varias ocasiones en el pasado, cuando Randle e Ingram alcanzan ese nivel, el equipo también da un salto de calidad.

“Los entrenadores lo dijeron anoche, que hay un nivel más (alto) al que puedo llegar”, confesó Ingram. “A veces como jugador lo puedes ver, y otras veces quizás luzca letárgico y no me doy cuenta. Es llegar a ese otro nivel”.

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