El comienzo de algo nuevo

LAS VEGAS – “Gracias por comprar lo que les vendimos, que es baloncesto de equipo. Eso son los Lakers y esa es la dirección en la que estamos yendo”.

Minutos después de la consagración sobre el parquet del Thomas & Mack Center, Jud Buechler entonó esas palabras frente al plantel, su cuerpo técnico y colaboradores.

Antes de ser bañado por una lluvia de botellas de agua – ritual del que participó a gusto y piacere – el entrenador del equipo lagunero en la Liga de Verano 2017 en Las Vegas dejó en claro cual es el camino de cara al futuro.

Con una sinergia casi perfecta entre las cuatro patas del proyecto – Jeanie Buss como dueña, el dúo Rob Pelinka-Magic Johnson en la gerencia, Luke Walton en la banca y Lonzo Ball en la duela – los Lakers se encaminan hacia una era de baloncesto alegre y altruista, con un amplio grupo de jóvenes talentos listos para dejar su impronta en este nuevo capítulo de la historia de la franquicia.

El proyecto, atractivo por donde se lo mire, tiene seguidores desde adentro. En los 12 días de estadía en el desierto de Nevada, nueve de los 12 jugadores bajo contrato para la temporada siguiente dijeron presente, ya sea en la cancha o pasando a saludar a sus actuales o futuros compañeros. Así desfilaron Jordan Clarkson, Julius Randle, Larry Nance, Jr. y hasta Brook Lopez.

Brandon Ingram, quien tuvo un debut auspicioso pero quedó rápidamente descartado por precaución, se quedó con la delegación durante todo el viaje. Walton y sus asistentes Jesse Mermuys y Brian Shaw – el trío que no formó parte del cuerpo técnico en Las Vegas – estuvieron siempre presentes para acompañar al plantel. Incluso Johnson y Pelinka, ocupados en la tarea de ponerle los toques finales a la nómina del campamento de entrenamientos, regresaron el fin de semana para brindar apoyo moral.

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La coordinación estuvo a cargo de Joey Buss y Nick Mazzella, las caras visibles de los South Bay Lakers, quienes regresan al sur de California con la expresión de padres orgullosos tras ver el éxito de hijos de su proyecto como Travis Wear, Vander Blue y David Nwaba – antes de ser cortado y reclamado por Chicago Bulls – y sumar al menos una cara nueva en Alex Caruso, el héroe inesperado que se ganó un contrato dual desde su explosión ante Sacramento Kings.

En la cancha, las individualidades brillaron con luz propia, pero la interminable sucesión de partes médicos acabó demostrando que la figura fue el equipo. Los Lakers, tras años de actuaciones decepcionantes en la Liga de Verano pese a contar con planteles talentosos, sobrevivieron primero la baja de Ingram, luego la partida de Nwaba, después las lesiones casi simultáneas de Josh Hart y PJ Dozier, y finalmente, horas antes de la final, la ausencia de Ball, a la postre nombrado el Jugador Más Valioso del certamen.

Buechler terminó utilizando una rotación de siete jugadores – con Gabe York como octavo y rueda de auxilio – y llegó a la bocina final con el tanque de reservas físicas casi vacío. Kyle Kuzma sufrió de calambres a lo largo del torneo, Alex Caruso cerró el torneo rengueando por un golpe en el coxis, y Blue confesó que arrastraba una lesión en el hombro desde el final de la temporada de la G League que redujo su preparación para la Liga de Verano a dos semanas.

La final ofreció un reto complicado – con la dupla Jarnell Stokes-Caleb Swanigan en gran nivel – y los Lakers recurrieron a su arsenal de trucos para frenarlos, incluso empleando una zona 2-3 casi sin haberla practicado. La estrategia eventualmente dio resultados, y una vez que el equipo se asentó se puedo ver el potencial ofensivo que emana de construir un plantel versátil, plagado de tiradores y con la filosofía del pase extra como bandera.

Así se lució Matt Thomas, quien encestó 14 de 16 triples de cuartos de final en adelante pese a convertirse en pieza clave de la rotación de un equipo que debió jugar tres días seguidos.

El escolta, quien hace poco más de tres semanas pasó desapercibido y sin escuchar su nombre en el Draft tras una sólida carrera en Iowa State, fue el último jugador en sumarse al plantel de la Liga de Verano. En cuestión de un fin de semana, él logró cambiar la percepción alrededor suya y meterse de lleno en el radar de la NBA.

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Algo similar sucedió con Blue, quien llegó con muchos más pergaminos – siendo el reinante JMV de la NBA G League – pero con el rótulo de individualista, y abandona Las Vegas con una alegría inmensa tras festejar el título en el día de su cumpleaños, y haber logrado que se lo mire ahora de otra manera. El escolta pudo mostrar otras facetas de su juego – complementándose con Ball debido a su capacidad para jugar con o sin la bola. Blue compitió en defensa, compartió la bola con confianza, y no sacrificó su esencia, aportando la cuota anotadora que lo caracteriza. Sus 20 puntos, seis rebotes y cinco asistencias, ocupando un rol mayor ante la ausencia del ex UCLA, fueron el punto de exclamación para un torneo de redención en lo personal.

Las historias positivas abundaron, quizás con las lesiones de Hart y Dozier como únicos reveses. La explosión de Kuzma fue una sorpresa más que grata, ya que el ala-pivot dejó con la boca abierta hasta a los mismísimos scouts que abogaron por su llegada. El premio al JMV del Juego de Campeonato y la selección al Segundo Equipo del torneo – junto a futuras estrellas como Jayson Tatum – no hacen más que confirmar una tendencia que se viene repitiendo en los últimos años: los Lakers, sin importar donde escojan, siempre salen ganadores en la noche del Draft.

La lucha interna por minutos detrás de Randle, Lopez y Nance, Jr. será feroz, ya que Kuzma pide pista y Thomas Bryant e Ivica Zubac ofrecen distintos estilos en la misma posición.

Todo esto casi sin mencionar a Ball, el adolescente que llegó para “transformar al equipo” (Pelinka dixit), y cuya impronta se mantuvo aún en su ausencia. Todo entrenador de baloncesto le pide a sus pupilos que sean generosos, que se sacrifiquen, que den el pase extra. Que Ball haya logrado que una docena de compañeros, desconocidos hace dos semanas, lo practiquen casi como religión, es quizás un logro más impresionante que cualquier planilla cargada, triple de 30 pies o pase por el ojo de una aguja.

Se vienen semanas de tranquilidad y expectativa en el mundo Lakers, pero sobre todo de mucha ilusión de cara a una temporada que promete ser distinta a las recientes.

Apenas se ganó una Liga de Verano – con la obligatoria puesta en contexto debido al jugoso palmarés de la franquicia – pero aquí ha comenzado algo nuevo.

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